El féretro dorado con los restos mortales fue ingresado a una iglesia de Houston, Texas, por varios hombres afroestadounidenses con traje y barbijo negros, para una ceremonia con unos 500 asistentes.

George Floyd, el afroestadounidense cuya muerte a manos de un policía blanco desató protestas en cinco continentes y puso al mundo a reflexionar sobre la injusticia racial, fue honrado hoy en una iglesia de Houston, Estados Unidos, antes de su entierro y del último adiós de un país que se enfrenta a la tensión racial, la debacle económica y el coronavirus, todo en un año electoral.

El féretro dorado con los restos mortales fue ingresado a una iglesia de Houston, Texas, por varios hombres afroestadounidenses con traje y barbijo negros -este último una protección obligada durante la pandemia- para una ceremonia con unos 500 asistentes, por estricta invitación de la familia, que capea seis días de duelo.

Floyd murió el 25 de mayo pasado en Minneapolis, Minnesota, durante una brutal detención, tras llamar a gritos a su madre mientras un policía blanco -hoy imputado por homicidio- lo asfixiaba clavando su rodilla en su cuello.

“Duele mucho”, dijo Philonise, hermano de Floyd, sin poder contener las lágrimas en la puerta de la iglesia.

En una ceremonia íntima despidieron y sepultaron en Houston a George Floyd



“Tendremos justicia. La tendremos. No dejaremos que se cierre esta puerta”, agregó, citado por la cadena CNN.

Mientras el ataúd era transportado al interior del templo Fuente de la Alabanza, el mismo en el que ayer unas 6.000 personas acudieron a su último gran homenaje público -el tercero en una semana-, agentes de la Policía de Houston formaron un pasillo y rindieron honores a Floyd.

Parientes y amigos vestidos de blanco, líderes comunitarios, políticos locales, legisladores federales y referentes negros participaron de este último funeral, entre rezos, elegías y canciones que recordaron a Floyd y reclamaron justicia y un cambio en Estados Unidos para acabar con el racismo.

La ceremonia, transmitida en directo por los principales canales del país, contó también con la participación del probable candidato presidencial opositor Joe Biden a través de un video grabado.

“A diferencia de la mayoría, tienen que hacer el duelo en público y eso es un gran peso. Un peso que ahora es su propósito para cambiar el mundo para mejor, en el nombre de George Floyd”, aseguró Biden, dirigiéndose a los seres queridos del hombre de 46 años y padre de una niña de seis.

Biden, quien ayer se reunió con la familia de la víctima y eligió ausentarse hoy para evitar que su nutrido dispositivo de seguridad cause inconvenientes, consideró que “ahora es el momento de lograr la justicia racial” en Estados Unidos.

Dos retratos de Floyd pintado con alas de ángel y con un halo de santidad sobre su gorra flaqueaban el féretro, situado sobre el altar, desde donde expresaron sus mensajes de solidaridad los sucesivos oradores.

Entre ellos, una sobrina de Floyd, quien recordó su humanidad y buen carácter, y aludió a sus últimas palabras -“no puedo respirar”-, repetidas una y otra vez al policía que, ya esposado, lo mantuvo durante casi nueve minutos con la rodilla en el cuello hasta que perdió el aliento.

“Yo sí puedo respirar (…) sin justicia no puede haber paz”, insistió, antes de que uno de sus hermanos tomase el micrófono y afirmara que “la muerte de Big Floyd (como le decían por su elevada estatura) va a cambiar el mundo”.

Al igual que en el funeral celebrado el jueves pasado en Minneapolis, el reverendo Al Sharpton, un veterano líder de la lucha por los derechos civiles y referente nacional para la comunidad negra, fue el encargado de dar el sermón central.

En un emotivo elogio, en el que también recordó a otras víctimas de la injusticia racial representadas en la ceremonia por sus familiares, Sharpton dijo que la muerte de Floyd no fue sólo una tragedia, sino un “crimen” por el que no dejarán de luchar hasta obtener justicia.

“Y mientras lo despedimos hoy, el movimiento no descansará hasta que obtengamos justicia. Hasta que tengamos un estándar de justicia”, prometió.

Y dirigiéndose directamente a Floyd, agregó: “Tu familia te va a extrañar, George, pero tu nación siempre recordará tu nombre. Porque tu cuello nos representa a todos”.

“Ve y descansa ahora. Ve y mira a tu madre (ya fallecida). Nosotros continuaremos con la lucha”, concluyó.

En tanto, a las afueras del templo, numerosos vecinos se habían congregado para expresar su “dolor” e “indignación” por la pérdida de Floyd, tras ser detenido por intentar pagar con un billete falso de 20 dólares.

Tras el servicio religioso, pagado íntegramente por el boxeador estadounidense Floyd Mayweather, el cuerpo de Floyd fue llevado al cementerio de Pearland, cerca de Houston, en un carruaje tirado por caballos y sepultado junto a los restos de su madre.

La muerte de Floyd desató protestas en Estados Unidos y en todo el mundo que pusieron el foco sobre el tratamiento que reciben los afroestadounidenses y otras minorías por parte de la policía y el sistema judicial.

Durante 14 noches, cientos de miles de personas protestaron en Estados Unidos por su muerte y, en muchas ciudades, fueron enfrentados con una masiva represión policial.

Algunos manifestantes cometieron incendios y saqueos y se enfrentaron con la policía, lo que llevó a que muchos gobernadores y el propio presidente desplegaran a miles de agentes de la Guardia Civil, militarizando las calles y alimentando aún más el caos durante varias noches.

La violencia alrededor de las protestas ha amainado en la mayoría del país, pero los manifestantes han prometido continuar el pulso en las calles y las presiones a los políticos hasta que las autoridades lidien con el racismo.